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Crisis Hídrica: ¿a las puertas de una crisis sanitaria aún peor?

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Nov 29, 2022

La poca provisión de agua en localidades del norte va sumando problemas: especialistas recomiendan que el poco líquido que hay no sea ingerido por las familias y advierten que no es prudente ni siquiera bañarse con él. Equipos de Aguas del Norte drenan las últimas gotas del Itiyuro y El Limoncito.

El lunes pasado, el termómetro marco 45º grados por la tarde y en Salvado Mazza siguen sin agua, a pesar de la conformación del Comité de Emergencia y las acciones anunciadas por el Gobierno salteño.

Los vecinos de las distintas localidades cortan la Ruta 34 protestando por años y años de desinversión y abandono, ello, a pesar de las promesas de obras y los millones de pesos de empréstitos que nunca llegaron a destino, pero que los salteños pagamos peso sobre peso hasta la fecha.

“El problema sigue estando y se agrava conforme pasan los días”, describió Emanuel del Castillo, periodista de Salvador Mazza, y continuó: “La esperanza que tenemos es que comiencen las lluvias y que sean prolongadas”.

Describió que los operarios de Aguas del Norte trabajan en el dique Itiyuro drenando la poca agua que queda, pero que, dado que hablamos del fondo, el líquido está muy contaminado con sedimento y algas, por lo que la potabilización es una tarea titánica.

“Estuve en el dique y nos dimos con imágenes desoladoras”, relató el periodista. “El agua está toda verde porque se está drenando lo último que queda y, por más tratamiento que se haga, no alcanzan a purificarla”, completó.

Indicó, asimismo, que a su casa llega agua color verde y con mucho olor y que, ante la preocupación, los vecinos solicitaron opiniones a médicos y especialistas de la zona.

“Los doctores están pidiendo no consumir el agua ni tampoco bañarse con ella para evitar enfermedades”, aseguró.

Apuntó que aguas adentro del Itiyuro se erige una torre de monitoreo que, hasta la explosión del tema en los medios, estaba casi abandonada. Bueno, esta vez se encontraron un operario de Aguas del Norte que intentaba filtrar el agua extraída dentro de un tanque – un tanque de esos azules, comunes y corrientes, de varios litros – con carbón activado; de ese primer filtrado, el líquido iba a parar a un pozo que, luego, terminaría en la planta purificadora.

“Faltan inversiones. Con los años se creó El Limoncito para abastecer a todo el norte, pero se necesita también mantenimiento y planificación a futuro”, aseguró.

Para el periodista, es comprensible que la naturaleza esté jugando una mala pasada – se atraviesa una de las peores sequías en 50 años -, pero, con las inversiones anunciadas, si las obras se hubiesen hecho, la problemática se podría haber evitado, o por lo menos podría haber sido afrontada de otra manera.

Explicó Emanuel que el Comité de Emergencia conformado días atrás no generó gran expectativa entre los vecinos y que, en definitiva, desde aquel entonces hasta hoy las cosas no han cambiado demasiado. De hecho, explicó que el anuncio del Estado salteño de que no cobraría el servicio de agua hasta enero tuvo una respuesta moderada ya que, se sabe, la urgencia hoy – el tener agua – apremia.

¿Y las obras?

Una búsqueda rápida en las redes revela que hace dos años el intendente Mimesi – Tartagal – firmaba un convenio con la Provincia por 300 millones de pesos para mejorar la provisión de agua en la zona. Esas obras no se concretaron y del dinero no se supo nada más.

Por otro lado, cabe recordar que la gestión de Juan Manuel Urtubey ofreció regalías petrolíferas a cambio de un empréstito millonario bautizado como Fondo de Reparación Histórica; el objetivo, dijo el entonces gobernador a la hora de presentarlo, reparar los años de abandono sobre el norte provincial y, claro, la provisión de agua era uno de los ejes centrales de las obras que se iban a hacer con ese dinero. Los trabajos, en su gran mayoría, ni siquiera iniciaron. Luego, esta misma Administración impulsó otro préstamo y lo llamó Plan Bicentenario: en él figuraban obras hídricas que ya habían sido anunciadas en el fondo anterior y que, reconocían, no se habían concretado. El destino de este plan fue el mismo.

¿Y Sáenz? Bueno, el actual gobernador inició su gestión “visibilizando” – le explotaron en la cara, en realidad – las muertes de niños originarios en el norte por desnutrición. El acceso al alimento y al agua en las comunidades más alejadas de los centros urbanos fue un problema histórico que, aseguró, iba a saldar con obras. Tres años después nos encontramos con una crisis hídrica terminal, sin obras, y con el mandatario queriendo tomar el centro de la escena – cuando el problema es que el líquido no llega a los hogares, claro está –  arremetiendo contra medios de comunicación y redes sociales por la difusión de noticias falsas que “lo hacen decir cosas que no dijo”.

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